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martes, 2 de abril de 2013

El Quinto partido, un libro para comprender el futbol




Luego de un tiempo sin escribir para este espacio, regreso con una recomendación literaria. Se trata del libro “El Quinto Partido”, escrito por el destacado periodista deportivo Héctor Huerta y su hijo César Huerta, quien también cuenta con trayectoria periodística.

Esta obra contiene 23 extraordinarios cuentos en los que los Huerta nos llevan a recorrer historias del balompié en todos sus frentes: jugadores, entrenadores, directivos, promotores, periodistas y, por supuesto, aficionados.

En estas historias reflejan de gran manera la pasión que genera el fútbol, llevando al lector por los triunfos, los fracasos, la felicidad, la tristeza, las ´tranzas´, las injusticias, las tragedias, los milagros, la delincuencia, la mafia, entre muchos otros aspectos que provoca el deporte más practicado en el mundo.

Once cuentos son escritos por Héctor y once por César, además del cuento 23, el cual escribieron ambos. Héctor Huerta comentó en la presentación del libro en Pachuca que algunos son relacionados a hechos reales del futbol mexicano y mundial, y a lo largo de la lectura podemos notar los nombres de algunos personajes y hechos que nos hacen relacionar de inmediato.

En lo personal fue una lectura extraordinaria, que me hizo emocionar en cada una de sus líneas, algunas de felicidad o de risa, otras de tristeza o de coraje, algunas más por el sentimentalismo impregnado, y también porque algunas las he experimentado como aficionado al futbol.

Vale la pena leer este libro, seas o no aficionado al futbol encontrarás una historia con la que te identificarás y que seguramente te hará vibrar como me sucedió.


P.D. Además quisiera compartirles que pude tener una gran charla con Héctor Huerta el día que presentó su libro en Pachuca, donde venía acompañado de otro destacado periodista, Francisco Barón. Tuve la oportunidad de comer con ellos y platicar de periodismo y futbol, para luego acompañarlos a la presentación y escuchar casi tres horas de debate sobre el balompié. Una buena experiencia.


lunes, 4 de abril de 2011

RECOMENDACIÓN DE LECTURA: LA VIDA ES UN BALÓN REDONDO

La vida es un balón redondo, de Vladimir Dimitrijevic, es un libro que nos habla del futbol, las pasiones que levanta y lo que puede llegar a provocar.

El autor habla de su propia experiencia, de cómo vio truncado su sueño de ser futbolista a raíz de una lesión en su pierna y también por las consecuencias que dejó la Segunda Guerra Mundial. Además deja reflejada la pasión por el futbol cuando cuenta un par de anécdotas personales: en una, un amigo suyo cayó de una azotea cuando pateaba un balón y falleció, en la otra, un conocido se ahogó al corretear también un balón que se fue hacia el mar.

Maneja un estilo muy bueno en el que compara a figuras del futbol con personajes de la literatura, que es su otra afición. También mete aspectos políticos y sociales y los utiliza para comparar la vida diaria con el deporte más practicado del mundo. Por ejemplo, me gustó una parte en la que habla del estilo de juego de Diego Maradona, dice que a algunos puede parecerles un loco fuera de la cancha, pero dentro es el mejor, algo sin igual, ni siquiera Pelé puede serlo, porque él se enfocó más a lo comercial y Don Diego (así lo llama) conservó su espíritu.

Otra parte de las que me agradó más es cuando compara los distintos tipos de público que existen, según la región y lo que le ha tocado ver a lo largo de su vida. Dice que los ingleses pueden no ver el partido, pero nunca les puede faltar una cerveza o algo de beber, el de Belgrado es entendido y exigente, los españoles tienen algo de árabe, pues son irritables y nerviosos, además de que ignoran la disciplina del equipo. En Turquí, el público es el que estropea a los equipos, pues es muy rudo, intolerante, siembra el desorden; en pocas palabras, es un mal público.

Es también muy agradable cuando describe las sensaciones que provocaban en su ser los relatos de los partidos en la plaza del lugar donde vivía, pues quienes tenían oportunidad de asistir a los partidos después iban y se los contaban a los demás, así se imaginaban todo lo que sucedía y cómo eran sus ídolos, pues dice que no conocía a algunos. Inclusive dice que cuando tuvo la oportunidad de conocer a uno de ellos, se desilusionó pues no tenía el físico que él se había imaginado según las descripciones que le hacían. Habla de cómo la televisión acabó con esa magia y ese echar a andar la imaginación con las jugadas, pues sólo se podían leer o escuchar las crónicas o, para los afortunados, asistir al estadio a vivirlo.

Igualmente destaca el hecho de que ciencias como la sociología, la filosofía y la teoría económica se han metido a estudiar el entorno del futbol por todo lo que conlleva a su alrededor y lo que provoca en la sociedad, pues dice que no es claro qué es lo que busca el ser humano en él, viviéndolo tan apasionadamente y haciendo que, en muchos casos, su vida gire en torno al futbol.

Un buen libro para los amantes del balompié y también para los que no lo son y quieren saber un poco más de porqué mueve tantos sentimientos en los aficionados, bastante recomendable. Además es muy fácil de leer por el lenguaje que utiliza y la forma en que lo emplea.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Lo que nos hace admirables - Liebano Sanz, Milenio Diario, 18- Septiembre - 2010



Es indiscutible: el rostro de esta tierra no tiene gran parecido con aquel que encendió los ánimos de Hidalgo en 1810 e inspiró a Morelos a proclamar los sentimientos de una nación destinada a la grandeza. Tampoco es el mismo que cien años después despertó el coraje de Zapata y Villa, y lanzó a Madero a avivar el fuego de un movimiento que costó la vida de un millón de mexicanos idealistas.

No; el semblante que hoy vemos reflejado en los hombres y mujeres del siglo XXI, el espíritu de las tradiciones que defienden su espacio y su tiempo, la expresión de los ideales y las luchas cotidianas no son tan distintos, y tal vez aún no se encuentren tan distantes, pero nadie puede negar que han sufrido una transformación trascendental. Este rostro conserva, sí, su esencia, pero también revela en forma evidente las huellas de la madurez.

Cierto es que el recuento de los daños nos arroja una larga lista de pendientes, reflexiones que son verdaderos actos de contrición, reconocimiento de retos y desafíos, y el anuncio de nuevas batallas. Pero ¿quién dijo que un parto es cosa fácil; que evolucionar es un atajo simple o que la toma de conciencia pueda estar exenta de tropiezos a lo largo del camino?

Los festejos del Bicentenario nos sorprenden con cuentas pendientes y encrucijadas irresueltas. Muchos mexicanos no pueden evitar preguntarse: ¿qué festejamos? El desánimo, provocado por los hechos recientes y los no tan recientes en el país, la desesperanza que producen la violencia y la crisis de expectativas, tanta pobreza, pueden tentarnos a inclinar la cabeza. Sin embargo, en medio de esta difícil realidad que cobra vigor por ser próxima, cruda y dolorosa, emerge la fuerza de la historia y el poder de la identidad colectiva; esa identidad que en múltiples instantes del pasado se antepuso a intereses particulares y abrió paso a los vientos del progreso, que hizo frente a invasiones extranjeras, crisis económicas y políticas y hasta desastres naturales, y que supera por mucho los repliegues y descalabros propios del camino sinuoso que hemos transitado durante estos 200 años.

Que duelen las heridas, nadie lo niega, pero ningún dolor superará la satisfacción del paso adelante, del florecimiento y del progreso que nacen del esfuerzo de las mujeres y los hombres de México.

Mirar al pasado, más que una curiosidad estéril, es un descubrimiento y redescubrimiento de nosotros mismos, de nuestras raíces y de nuestro potencial. Es admirar nuestro patrimonio y recurrir a la memoria histórica para reencontrarnos con aquellas fórmulas que han sido efectivas e inmunes a la frustración; iniciativas lúcidas convertidas en logros indiscutibles que son motivo de orgullo y que incluso han provocado la admiración de la comunidad internacional y han ubicado a México como tradicional símbolo de respeto, tolerancia, solidaridad, honor y paz aun fuera de sus fronteras.

Nuestra nación no ha dejado de caminar, pese a los escollos y las inercias. Nos lo dice la Reforma de Juárez con sus leyes renovadoras que abrieron una nueva era en México; lo recuerda la primera gran revolución social del siglo XX; lo reflejan las garantías individuales y derechos sociales (libertad, libre expresión, educación laica y gratuita, profesión de culto, huelga, trabajo digno, etc.) que por primera vez en el mundo se plasmaron en una Carta Magna y que representaron una aportación al constitucionalismo internacional. Lo sabemos por lo que es y representa la UNAM, por el voto de la mujer, por el desarrollo de la industria, por la institucionalización de los procesos políticos, por la transición democrática y la alternancia pacífica del poder presidencial.

Y más allá del entorno económico y político, voltear la mirada hacia México en su corta vida bicentenaria siempre implica deslumbrarnos con el particular lenguaje de Siqueiros o la furia de Gerardo Murillo, el irreverente Dr. Atl, con todo y sus volcanes. Es envolvernos en la fascinación indígena de Diego Rivera o en la mirada surrealista de María Izquierdo o Remedios Varo. Es recrear el legado nacional y la grandiosa esencia mexicana a través de las formas de Tolsá, Soriano, Sebastián y Goeritz; de la prosa de Sor Juana, Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán; de los poemas de López Velarde, Nervo, Acuña, Sabines o Paz; de las novelas de Fuentes, Rulfo, Pacheco y de Del Paso; la frescura narrativa de los textos de Mastretta, la gracia de Catón, las crónicas urbanas de Monsiváis, el seguimiento histórico de Krauze.

Es también repasar lo que hemos sido bajo la perspectiva de una pantalla guiados por Buñuel, Fernández, Figueroa, González Iñárritu, Del Toro o Arriaga. Es confirmar lo que podemos ofrendar al mundo de la mano de nuestros premios Nobel, Paz, García Robles y Molina.

Mirar a México es perdernos entre los espacios y los colores de Barragán, O’Gorman, Pani, Zabludovsky, Legorreta, González de León, Norten y Romero; enorgullecernos de las composiciones de Ponce, Revueltas, Moncayo, Chávez y Márquez; regocijarnos en las dulces armonías de Grever, Curiel, Esperón, Carrillo, Codina, Velásquez, Lara y Manzanero, sin dejar de desahogar el corazón con las letras de José Alfredo y Juan Gabriel.

Reconocer su pasado y dignificar el presente es lo menos que merece una tierra que nos agasaja todos los días con gastronomía vasta, cultura milenaria, naturaleza espléndida, riqueza étnica, tesoros artísticos, alma férrea, colorido, fe, tradición, leyendas, piedras que hablan y gente que domina magistralmente el arte de disfrutar la vida y el simple placer de deleitarse con la calidez de una reunión familiar.

Hoy, más que nunca antes, el gigantesco patrimonio que nos ha sido legado exige que hagamos conciencia y que convirtamos a la tolerancia y al respeto en nuestro mejor arte; a la conciliación en nuestro más grande objetivo.

Más allá de las cifras, de las estadísticas y de los datos que registran las notas periodísticas, lo que habla por esta nación es su fortaleza, su entereza, el brío, el valor, la energía y la tenacidad cotidiana de sus ciudadanos. Y este país que hoy festeja y celebra nos grita a los cuatro vientos que quiere seguir contando con mexicanos que defiendan sus ideales.

Así que esta vez es hora de preguntarnos ¿qué rostro queremos mostrar en el siguiente siglo? ¿En qué espejo de nación queremos que se reflejen las caras de nuestros hijos y los hijos de éstos? Retomemos lo que a los mexicanos nos hace admirables.

jueves, 1 de julio de 2010

Bienvenido a La Mirada de Poncho

Que tal, Bienvenidos.
Yo soy Alfonso Rivera, un chavo al que le gusta escribir y opinar sobre distintos temas, soy amante del deporte, pero sobre todo del fútbol y de los Tuzos del Pachuca.
Me gusta la buena música de todos los géneros, me fascina la leer, de temas variados, pues cualquier lectura siempre deja algo de aprendizaje y reflexión.
En este espacio quiero compartir con ustedes puntos de vista, recomendaciones, quejas y todo lo que me parezca interesante dar a conocer sobre nuestro entorno en distintos ámbitos. También me encantaría conocer los temas que les gustaría que comentara y, sobre todo, intercambiar opiniones y conocer sus miradas, pues siempre es bueno saber qué piensan los demás.
Para tener una mayor comunicación, dejaré disponibles mis correos para lo que se ofrezca:
supertuzo32@gmail.com
miradaponcho@hotmail.com
Deseo que les guste todo lo que publique por aquí y que me hagan saber sus comentarios, quejas, sugerencias y lo que quieran decirme para mejorar, su opinión es muy valiosa.
Atte.
Su amigo
Poncho Rivera